29/5/07
19/5/07
Sexo en la red
Todo medio de comunicación tiene sus vertientes positivas y negativas. Así mismo, comunica cosas de diferente grado de importancia, navegando siempre entre el relativismo de lo que es interesante y de lo meramente accesorio.
Sin duda, en el debate sobre la relativa importancia de algunos temas debe mencionarse el sexo. Con la aparición de la imprenta, se difundió el Kamasutra. Con el invento de la fotografía, aparecieron las revistas pornográficas. Con el teléfono aparecieron las líneas eróticos y con la prensa las páginas de contactos. Del mismo modo, con el cine, nació el cine porno. Internet es una vez más una revolución en este aspecto.
A través de la red, miles de personas se conectan a diario en búsqueda de “experiencias sexuales o eróticas”. Conocer gente afín, usar webcams, enviar fotos provocativas, un sinfín de posibilidades para los amantes del sexo. La particularidad en este caso, es la facilidad que se tiene para crear una personalidad volátil y maleable que uno puede generar en la misma red, desligada de la realidad. Del mismo modo que en un juego de rol online se puede ser un Guerrero de 1.90 metros con poderes mágicos, en un sitio para ligar podemos tener fácilmente abdominales, ojos azules, cuerpo perfecto y…unos cuantos euros más en la cuenta para impresionar al “ligue” en cuestión. Miles de páginas web aparecen como la espuma a diario, publicitandose en cualquier página sin relación con el contenido que ofrecen, e incitan a entrar en chats en directo o en un buscador de personas que parece que estén esperando desde hace mucho para poder ligar.
Este vídeo divertido me parece que ilustra a la perfección la importancia del sexo en la red. Cuando me lo pasaron, se me ocurrió dedicarle un pequeño post.
1/5/07
El día del trabajador
Se dice desde hace años que la mayoría de los trabajadores ya no se considera a si mismo como tal, todo el mundo prefiere considerarse como “administrativo, autónomo, publicista, comercial…”. Es más agradable pertenecer a un grupo reducido que realiza una función determinada que no al vulgar y menospreciado grupo de mortales llamados “trabajadores”. Muchos de ellos, anteriormente surgidos de universidades tanto públicas como privadas, se dedican a trabajar en empresas encargadas de crear marcas. Justamente, formar parte de una de esas marcas como tal, es alejarse del simple mote de trabajador y personalizarlo en un individuo implicado con una causa: “la marca”. Dejar de ser un mero trabajador que podría estar explotado en cualquier sitio de cualquier parte del mundo, y pasar a ser algo mucho más interesante reconociendo la función específica y la marca bajo la que uno se ha sometido.
Hay que mencionar que las buenas empresas, las honestas, no crean marcas. Digamos que están por encima de necesitar convencer, persuadir, buscar la polémica y hacerse oír. Destruir la marca es sobrevivir. Aunque las perdidas y ya cansadas empresas generadoras de marcas tardarán algunos años en entender este nuevo paso.
Por el momento, su dinámica se dirige hacia otro camino, el de pulular por las ciudades intentando estar presentes en cada esquina con algún tipo de actividad o propuesta que “conecte” con la gente. En octubre del año pasado, en el texto de “la publicidad y el conformismo juvenil”, yo mismo ironizaba sobre el hecho de que alguna empresa escucharía la demanda de la calle sobre la dificultad par acceder a los pisos. Bien, este mismo mes pasado, Koca et kola, a través de su sucedáneo especial para cuidar la grasa y azúcar que se ingiere (koca et kola Light), ha elaborado una campaña dónde sortea un piso, o algo lamentablemente por el estilo.
Empresas que crean marcas, marcas que para crecer observan comportamientos, plagian actitudes y transforman las críticas de los individuos rebeldes para incluir sus contestaciones dentro de sus campañas. De este modo pueden penetrar mejor dentro de las sociedades dóciles y manejables dónde ansían maximizar aún más beneficios. Es decir, estudian a sus detractores para encontrar nuevas formas de pureza de la originalidad. Una vez la encuentran, sin importarles en absoluto las vidas ni el mensaje auténtico de sus emisores asesinan la creación. Una vez muerta utilizan el cadáver de la idea para conseguir que la gente dormida se rinda a sus marcas en forma de un anuncio cutre y torpe que se supone debe generar por lo menos simpatía por su “frescura”.
Buscar en la calle, husmear en la miseria, y proponer la solución para encontrar un piso coleccionando anillas de koke kole light, ésta es otra forma en que las empresas cambian el mundo, ya que la gente está demasiado ocupada viendo C.S.I y otros programas de culto “masivo” para hacerlo por si misma.
De este modo, las marcas incluyen dentro de si mismas la crítica y pretenden así generar una especie de admiración de cara al público incrédulo que se dirige a trabajar cada mañana cabizbajo y con una sobre ingesta de prozac. Quizá no pretenden esto, sino sencillamente desmoralizar a sus críticos, o simplemente que los bloggers le dediquen unas líneas. Como diría algún publicista medio calvo, al que no conozco ni quiero conocer, “la marca se supera a sí misma”. En fin, superarse a sí mismo puede implicar saberse reír de uno mismo, aunque sea a costa de jóvenes cabreados que nacieron sin anuncios y se educaron con ellos.
19/3/07
Es tu momento. Es Vodafone
Una madre y su hija pequeña gozando de un momento tierno e íntimo.
Es nuestro momento, es Vodafone.
Gracias por guiarnos, seleccionar aquellos momentos que tanto nos gustan. Limpiarlos, hacerlos universales para todos los que hacemos de vulgares transeúntes a diario por las ajetreadas calles de Barcelona. Mi momento…aquel en el que no importa nada más que los míos, mi hija, mi pareja. Todo mío, momento Vodafone. Luego saltan preguntas al aire, ¿por qué la gente de hoy es tan egoísta? Bienvenido a la República Independiente de TU casa. TU momento. Ikea, Vodafone.
Vaya, cuantas cosas y momentos que tenemos y nos son ofrecidos, pero no se sabe como luego media España no llega a fin de mes. Claro, queremos tantas cosas para nosotros solos y queremos tantas, tan caras y tan diferentes…
Grandes corporaciones que no me conocen directamente, gastando millonadas en intentar que sus grandes empresas y proyectos que les van a enriquecer y cotizar más alto, deciden darme algo más que sus productos. Unos me ofrecen una República que sé, que mientras las profecías de Orwell no se cumplan del todo, la tengo conseguida desde hace años. Y el otro me ofrece “momentos” que se supone que debo compartir con su marca. Una marca que como todas las de telefonía firmó un cartel con Movistar y Orange para subir la tarificación por segundos. Cosa que es ilegal y debería ser criticada por consumidores, políticos y la misma U.E.
Mi momento no es Vodafone, mi República no es la de Ikea.
Mi momento es cuando escribo aquí, y pongo vuestras sutiles y no tan sutiles artimañas panfletista-sentimentaloides en una camilla en medio de mi quirófano intelectual, uso herramientas precisas y directas para diseccionar y encontrar todo aquello que vais metiéndonos en la cabeza con tal de crear la sociedad que deseáis para seguir con vuestra hegemonía económica.
Momentos que no tienen nombre, ni marca, momentos de lucha y de coherencia interna, de asqueo infinito por el lugar que presumo al que queréis llevarnos.
Si hay gente con ideas liberales que considera que la vida íntima esta por delante de lo público me parece fantástico. Lo triste es que no lo han aprendido ni de John Locke, ni de Stuart Mill. Ni tampoco saben que estos mismos pensadores exigían un sinfín de requisitos a la sociedad y a la vida pública (también a las empresas y empresarios) para garantizar un orden y un funcionamiento igualitario y justo de la sociedad. La gente aprende lo liberal por este tipo de anuncios, forzados, sosos, lamentables, que simplifican hasta un nivel que da pena. Y que no se salga con el cuento del zen y de la belleza en las cosas simples, que ya me lo conozco demasiado.